Poco después aparcaba el coche junto a la estación, un apeadero en realidad, con todo el aspecto de haber sido abandonado mucho tiempo atrás. Al otro lado de la calle se alzaba un edificio esquinero, rodeado por una marquesina de obra que daba sombra a una hilera de mesas, todas desocupadas. En el ángulo, achaflanado, se abría la puerta del bar donde los policías habían encontrado a mi padre. Me encaminé hacia allí buscando con la mirada su viejo Opel Senator.
Si quieres ver la edición final del vídeo y una entrevista con el autor, haz click aquí